La Manzanera, cuando la arquitectura se acopla al paisaje

La Manzanera, cuando la arquitectura se acopla al paisaje

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Contemplar  los emblematicos edificios de la urbanización La Manzanera justifican en sí una visita a Calpe, ideados en los años  60 y 70 por el arquitecto Ricardo Bofill  manifiestan  la disposición de adaptar  el conjunto  urbanístico al entorno natural.

En 1962, el Taller de Arquitectura  de Ricardo Bofill comenzó a diseñar un plan maestro para un complejo turístico en la Calpe, frente al Peñón de Ifach. El programa en sí es similar al de otros complejos residenciales existentes en la costa mediterránea española. Se les encargó el diseño y construcción por etapas, de condominios, apartamentos, viviendas unifamiliares, un pequeño hotel, bar, restaurantes e instalaciones deportivas para un máximo de población en temporada alta de 2.500 a 3.000 personas. Los objetivos del proyecto podrían  resumirse en la intención de crear un Jardín del Edén, cerrado, paradisíaco en cierto sentido, que correspondía a una visión idílica y bucólica del mundo.

Las cualidades especiales del paisaje, formado por terrazas de piedra, en gran parte artificiales, la formación natural del anfiteatro del valle, y la voluntad expresa de la creación formal, fueron los factores determinantes básicos que intervinieron en la transformación de un magnífico paisaje natural en otro especialmente reconstruido para disfrutar de los períodos vacaciones y del tiempo de ocio.

A pesar de la coherencia de su diseño, existen diferencias obvias y sustanciales entre los primeros edificios y los últimos. De manera especial los edificios de apartamentos y otras construcciones se enmarcaron en un interés metodológico más amplio, que, al igual que otros proyectos no construidos de La Manzanera, se visualizaron en un lenguaje que llamamos “postcubista”.

Sin embargo, a lo largo de los años, la importancia de esta concepción articulada ha contribuido enormemente al desarrollo del trabajo del Taller de Arquitectura. Cada edificio sigue siendo un ensayo en la forma y en el lenguaje, en  el lugar y en el espacio. La Manzanera permite vivir y experimentar en una sola localización las transformaciones que han tenido lugar en la historia de la arquitectura contemporánea; desde una forma derivada del movimiento Archigram, a un regionalismo crítico expresado en tres dimensiones y, finalmente, a una recuperación de un vocabulario clásico mediterráneo.

Plexus, 1966.

El complejo de viviendas familiares “Plexus", situado en la parte alta de la parcela de La Manzanera, junto a la ciudad de Calpe, fue uno de los primeros proyectos construidos durante la época del desarrollo turístico español. Para este complejo se elaboró un plan parcial, compuesto de villas familiares, edificios de apartamentos, bares, restaurantes e instalaciones deportivas, por encargo de un promotor excepcional, cuyo negocio no se basaba en la especulación.
Apartamentos Plexus
Plexus representa un esfuerzo por inscribirse al máximo en su entorno natural, siguiendo el mismo método utilizado en la construcción de las terrazas de piedra que definen los terrenos agrícolas de la zona, en una clara expresión de la aplicación del "Regionalismo Crítico" en la costa mediterránea. La planta se adapta a la forma de las terrazas, ajustadas sucesivamente por debajo y por encima con el fin de reducir su impacto visual.

El proyecto se caracteriza por el uso de los motivos vernáculos tales como las ventanas con persianas del Mediterráneo,los arcos y cubiertas de teja en pendiente

La Muralla Roja, 1973.
En el contexto de La Manzanera, La Muralla Roja (The Red Wall) debe considerarse como un caso aparte. El proyecto incorpora una clara referencia a las arquitecturas populares del mundo árabe mediterráneo, en particular a las torres de adobe del norte de África. La Muralla Roja es como una fortaleza que marca una silueta vertical, siguiendo las líneas del contorno de la pared rocosa. Con este edificio el Taller de Arquitectura quiso romper la división post-renacentista entre los espacios públicos y los privados reinterpretando la tradición mediterránea de la casbah. El laberinto de esta casbah recreada responde, a un preciso plan geométrico basado en una tipología de cruz griega con brazos de 5 metros de largo, que se agrupan de diversas maneras, dejando las torres de servicio (cocinas y baños) en la intersección de las cruces. El trabajo geométrico realizado para el proyecto de La Muralla Roja representa una aproximación a las teorías del constructivismo.

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Las formas del edificio evocan claramente una estética constructivista, creando un conjunto de patios interconectados que permiten acceder a los 50 apartamentos, que incluyen estudios de 60 metros cuadrados, y apartamentos de dos y tres dormitorios de 80 y 120 metros cuadrados respectivamente. En las terrazas hay solariums, una piscina y una sauna utilizadas únicamente por los residentes.

El criterio de aplicar a las fachadas del edificio una gama de diversos colores responde a la intención de ofrecer un decidido relieve a los diferentes elementos arquitectónicos, dependiendo de sus funciones estructurales.

Las superficies exteriores están pintados en varios tonos de rojo para acentuar el contraste con el paisaje; los patios y las escaleras, sin embargo, están tratados con tonos azules, como el cielo azul, índigo, violeta, con el objetivo de producir un contraste más o menos pronunciado con el cielo o, por el contrario, un efecto óptico de fusión con el mismo. La intensidad de los colores también está relacionada con la luz, demostrando como la combinación de estos elementos puede ayudar a crear una mayor ilusión del espacio.

Detalle  edificio Muralla Roja

Xanadú, 1971

Este edificio de 18 apartamentos, que forma parte de la urbanización “La Manzanera”, supuso un prototipo experimental para la aplicación de una metodología para la teoría de una “ciudad jardín en el espacio” desarrollada por el equipo, y debe ser interpretado como uno de los muchos elementos de interconexión.

El castillo fue el punto de referencia del edificio, evolucionado hasta convertirse en una configuración inspirada en el cercano Peñón de Ifach. Cada apartamento se compone de tres cubos correspondientes al espacio de salón-estar, dormitorios y zona de servicios. Estos tres cubos se agrupan en torno al eje vertical de la escalera, que les sirve de apoyo. Los cubos vertebran la circulación determinada sobre una trama ortogonal, que se rompe para satisfacer las necesidades particulares del programa: en este caso, terrazas internas protegidas para evitar el intenso calor, los techos hiperbólicos para ofrecer mejores vistas, y la adaptación a las técnicas de construcción local.

No se dibujaron planos ni elevaciones durante la construcción, pero cada unidad presenta aperturas en las paredes exteriores colocadas en función de la orientación, de las necesidades de luz, de las colocación de los extractores de cocina, de los ventiladores, de la privacidad y de los puntos de conexión, y se situaron tras el análisis diagramático del modelo sobre los planos de estructura.

Edificio Xanadú

La rígida geometría del cubo, la base de la estructura inicial, se fracturó en los ángulos exteriores con el fin de crear una fachada irregular con una espectacular interacción de luces y sombras y múltiples vistas sobre el paisaje.

Detalle Edificio Xanadú

El Anfiteatro,  1983.
El Anfiteatro de Calpe es un ejemplo de arquitectura clásica realizado en el sur de Europa por el equipo Ricardo Bofill Taller de Arquitectura. Con un programa de 27 apartamentos de lujo con piscina comunitaria y solarium, el proyecto adopta la forma de un anfiteatro sobre un pequeño promontorio.

La piscina, donde se desarrollan las actividades estivales, ocupa, como en la tradición del teatro griego, el lugar del escenario y se extiende hacia el acantilado enmarcando el paisaje.

Los apartamentos, todos dúplex, tienen  doble orientación y están distribuidos en tres edificios alrededor de la plaza central.

Edificio Anfiteatro

Al otro lado de la piscina aparecen dos edificios rectilíneos situados a lo largo del acantilado. Su fachada lado mar está compuesta por un ritmo sereno de dobles pilastras que corresponden a las divisiones de los apartamentos. Esta disposición consigue liberar más espacio y garantiza espectaculares vistas desde el interior.

Las entradas a los apartamentos están situadas en la fachada trasera, y dan a una calle pequeña que conecta la zona de aparcamiento con el espacio central. Cada uno de los edificios incluye siete apartamentos y siete áticos. Las cubiertas están habilitadas como solarios a las que se accede desde la piscina por dos escaleras de dimensiones monumentales.

El tercer edificio es semicircular y forma un espacio central cerrado, protegido y de carácter privado. Dos semisótanos incluyen la zona de duchas, los vestuarios y los trasteros y un espacio comunitario. Por su situación elevada todos los apartamentos tienen aseguradas espectaculares vistas sobre el mar.

La diferencia de cota entre este edificio y la zona que rodea la piscina se resuelve por medio de una superficie inclinada convexa, representación del antiguo anfiteatro en su expresión espacial, que protege la orientación principal de los apartamentos de la circulación colectiva. Dos hileras de gradas continuas constituyen la conexión del plano inclinado con el suelo de roca de la plaza.

La yuxtaposición de amplias aberturas con doble marco coronadas con frontón definen la fachada interior. La entrada de los once apartamentos está situada en la fachada posterior sobre un pasaje dispuesto en paralelo que conecta directamente con la carretera o la zona de aparcamiento.
Las zonas de aparcamiento están protegidas por una cubierta vegetal apoyada sobre columnas de hormigón prefabricado.
(Fuente y fotos: www.ricardobofill.es)

 

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